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Lectura del Cuento El Árbol Generoso

El Árbol Generoso es un hermoso cuento infantil escrito por Shel Silverstein, en su historia esconde un mensaje de reflexión, respeto, admiración y aprecio por las cosas sencillas de la vida. Por lo tanto aprovecharemos esta hermosa historia para practicar la lectura comprensiva en inglés.

Esta lectura está recomendada para todo tipo de estudiantes del inglés, pero sobre todo para los niños de 5 a 15 años de edad.

The Giving Tree
El Árbol Generoso


Once there was a tree and she loved a little boy. And every day the boy would come and he would gather her leaves and make them into crowns and play king of the forest.

He would climb up her trunk and swing from her branches and eat apples. And they would play hide and go seek. And when he was tired he would sleep in her shade.

And the boy loved the tree very much and the tree was happy. But time went by and the boy grew older and the tree was often alone.

Then one day the boy came to the tree and the tree said, "Come, Boy, come and climb up my trunk and swing from my branches and eat apples and play in my shade and be happy."

"I am too big to climb and play," said the boy. "I want to buy things and have fun. I want some money. Can you give me some money?"

"I'm sorry," said the tree, "but I have no money. I have only leaves and apples. Take my apples, Boy, and sell them in the city. Then you will have money and you'll be happy."

And so the boy climbed up the tree and gathered her apples and carried them away. And the tree was happy. But the boy stayed away for a long time and the tree was sad.

And then one day the boy came back and the tree shook with joy, and she said. "Come, Boy climb up my trunk and swing from my branches and be happy."

"I am too busy to climb trees," said the boy. "I want a house to keep me warm," he said. "I want a wife and I want children, and so I need a house. Can you give me a house?"


"I have no house," said the tree. "But you may cut off my branches and build a house. Then you will be happy."

And so the boy cut off her branches and carried them away to build his house. And the tree was happy. But the boy stayed away for a long time and when he came back the tree was so happy she could hardly speak.

"Come, Boy." she whispered, "Come and play." "I am too old and sad to play," said the boy. "I want a boat that will take me far away from here. Can you give me a boat ?"

"Cut down my trunk and make a boat," said the tree. "Then you can sail away and be happy."

And so the boy cut down her trunk and made a boat and sailed away. And the tree was happy, but not really. And after a long time the boy came back again.

"I am sorry, Boy," said the tree, "but I have nothing left to give you. My apples are gone."


"My teeth are too weak for apples," said the boy. "My branches are gone," said the tree. "You cannot swing on them."

"I am too old to swing on branches," said the boy. "My trunk is gone," said the tree. "You cannot climb." "I am too tired to climb," said the boy.

"I am sorry," sighed the tree. "I wish that I could give you something, but I have nothing left. I am just an old stump. I am sorry." "I don't need very much now," said the boy.


"Just a quiet place to sit and rest. I am very tired." "Well," said the tree, straightening herself up as much as she could, "well, an old stump is good for sitting and resting. Come, Boy, sit down and rest." And the boy did. And the tree was happy.

The end.
Había una vez un árbol y quería muchísimo a un pequeño muchacho. Y cada día el muchacho venía y reunía sus hojas y los convertía en coronas y jugaba al rey de la selva.

Él subía por su tronco y columpiaba por sus ramas y comía manzanas. Y ellos jugaban a las escondidas. Y cuando estaba cansado dormía bajo su sombra.

Y el niño amaba mucho al árbol y el árbol era feliz. Pero paso el tiempo y el niño creció y el árbol se fue quedando solo.

Entonces un día el muchacho visitó al árbol y el árbol le dijo: "Ven, muchacho, ven y sube por mi tronco y columpia de mis ramas y come las manzanas y juega en mi sombra y sé feliz."

"Estoy demasiado grande para trepar y jugar", dijo el muchacho. "Quiero comprar cosas y divertirme. Necesito dinero. ¿Me puede dar algo de dinero?"

"Lo siento", dijo el árbol, "pero no tengo dinero. Sólo tengo hojas y manzanas. Toma mis manzanas, Chico, y véndelos en la ciudad. Entonces tendrás dinero y serás feliz."

Y así, el chico se subió al árbol y recogió sus manzanas y se los llevó. Y el árbol era feliz. Pero el chico desapareció por un largo tiempo y el árbol se puso triste.

Y entonces un día el muchacho regresó y el árbol se estremeció de alegría, y le dijo. "Ven, Chico sube por mi tronco y columpia de mis ramas y sé feliz."

"Estoy demasiado ocupado para trepar por los árboles", dijo el muchacho. "Yo quiero una casa para mantenerme caliente", dijo. "Quiero una esposa y yo quiero hijos, y así que necesito una casa. ¿Puedes darme una casa?"

"No tengo casa", dijo el árbol. "Pero puedes cortar mis ramas y construir una casa. Entonces serás feliz".

Y así el muchacho cortó sus ramas y se los llevó para construir su casa. Y el árbol era feliz. Pero el chico desapareció por un largo tiempo y cuando regresó el árbol era tan feliz que casi no podía hablar.

"Vamos, muchacho." susurró, "Ven a jugar." "Estoy demasiado viejo y triste para jugar", dijo el muchacho. "Quiero un barco que me lleve lejos de aquí. ¿Me puede dar un barco?"

"Corta mi tronco y construye un barco", dijo el árbol. "Entonces podrás navegar lejos y ser feliz."

Y así el muchacho cortó su tronco e hizo un bote y navegó lejos. Y el árbol era feliz, pero en realidad no lo estaba. Y después de mucho tiempo el muchacho regresó de nuevo.

"Lo siento, muchacho", dijo el árbol, "pero no tengo nada que ofrecerte. Mis manzanas se han ido."

"Mis dientes son demasiado débiles para las manzanas", dijo el muchacho. "Mis ramas se han ido", dijo el árbol. "Ya no puedes columpiar en ellos."

"Estoy demasiado viejo para columpiar en tus ramas", dijo el muchacho. "Mi tronco se ha ido", dijo el árbol. "No se puede subir." "Estoy demasiado cansado para subir", dijo el muchacho.

"Lo siento", suspiró el árbol. "Ojalá pudiera darte algo, pero ya no tengo nada. Sólo soy un viejo poste. Lo siento." "No necesito mucho ahora", dijo el muchacho.

"Sólo un lugar tranquilo para sentarme y descansar. Estoy muy cansado." "Bueno", dijo el árbol, enderezándose tanto como pudo, "bueno, un viejo poste es bueno para sentarse y descansar. Ven, muchacho, siéntate  y descansa." Y el muchacho lo hizo. Y el árbol era feliz.

El fin.

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